No existe el título ‘eclesiásticamente’ hablando. Las Vírgenes que así lo considera la Iglesia sí se coronan canónicamente entre fastos y actos que quedan para la historia. En San Fernando existen tres con esta distinción: la Santísima Virgen del Carmen, Patrona de la Ciudad, la Divina Pastora Coronada y María Santísima de Gracia y Esperanza de la cofradía del Huerto.

Pero si tuviéramos que inventar un término para lo vivido en la memorable jornada del 16 de septiembre de 2017, bien se pudiera decir que la Virgen de la Caridad ha sido coronada ‘popularmente’ por los isleños. Miles de personas no dejaron sola ni en un metro a la Señora que tallara el escultor isleño Antonio Bey ni al Santísimo Cristo de la Salvación que completa esta bellísima representación pasional, durante las ocho horas y media que estuvo en la calle en un sábado que la climatología acompañó y que la hermandad establecida canónicamente en la parroquia de San Francisco decidió marcar con letras de oro en su programación con motivo de su 75 aniversario fundacional.

La Caridad es una de las tres, cuatro devociones de La Isla un peldaño por encima del resto. Ni mejor ni peor, solo un epicentro de miles de demostraciones de fe y cariño que cada Martes Santo se respira en las calles que recorre y que en una jornada tan distinta como la de mediados de septiembre ha sido igual o más incluso multitudinaria que la que cada año reúne a los fieles en el tercer día de la Semana Mayor.

Salía la Caridad el 16 de septiembre en su primoroso trono de plata, una preciosidad de escenificación pasional que corrobora además cómo ha evolucionado su cofradía en estos 75 años. Cambios sustanciales a mejor, con uno de los pasos más destacados de La Isla, y en esta ocasión especial con el toque personal de la manera de vestir a nuestras sagradas imágenes que aporta José Muñoz Moreno, al que la hermandad gestilmente le cedió un lugar privilegiado en su cortejo por su labor no sólo a a hora de ataviar a la Señora, sino también por el extraordinario manto que está bordando sobre terciopelo negro, con numerosos motivos alegóricos que ‘Joselito’ no ha dudado en ir explicando estos días en las redes sociales. Todo está medido, y no exclusivamente la tela de luto, sino todos sus motivos bordados, su disposición… Una joya patrimonial de la que la Semana Santa isleña puede sentirse orgullosa.

Salía la Caridad el 16 de septiembre con la intención de sus cargadores, los de la JCC comandados por Ángel Zapata y Juan Pedro García impecablemente vestidos de chaqué, como la junta de gobierno de la hermandad celebrante, y sus cargadores con camisas blancas con escudo bordado para la ocasión, con la intención de demostrar que ocho horas y media en la calle no pueden con sus espaldas ni con sus ansias por hacer ver cómo se carga en La Isla, que era lo que los fieles pedían en algunas de las calles más concurridas y populares, como en las Siete Revueltas, donde no cabía un alfiler. Parecía como si el barrio quisiera reivindicar los pasitos cortos y a las bandas y las andas con el pie izquierdo clavado con una fuerza y un coraje especial por razones no explicadas. Como corroborar que la esencia de la Semana Santa isleña está en lo que rodea a una hermandad querida y a una Virgen incesantemente receptora de oraciones, aplausos y vivas.

Salía la caridad el 16 de septiembre en un cortejo ejemplar, con la cruz de guía y los más pequeños portando cirios en los primeros tramos, con un nutrido grupo de hermanos impecablemente vestidos, con los hermanos mayores de las hermandades isleñas precediendo a la presidencia, una contenida y acertada representación política municipal, los hermanos mayores que ha tenido la hermandad a lo largo de estos años, entre ellos uno de los cofrades más queridos de esta ciudad y que tanto viene desde hace años apoyando al mundo cofrade, Antonio González Cabrerizo, los representantes eclesiásticos, el cuerpo de acólitos y el imponente paso que está ejecutando el taller de los Hermanos Delgado. Y tras él, ‘la Gloriosa’, que es como decir la Cruz Roja y ahora la banda Maestro Agripino Lozano con un acertadísimo repertorio que incluyó numerosas marchas elegantes, apropiadas para el misterio, cuya sobriedad en muchas de ellas no fue óbice para arrancar los aplausos y saetas como las que la Virgen de mirada al cielo recibió cercana a las tres y media de la madrugada, cuando las andas ya enfilaban la puerta de la parroquia vaticana y castrense con el canto de un tenor que interpretó el Ave María de Caccini desde el balcón de la casa de hermandad de la cofradía.

Salía la Caridad el 16 de septiembre y cerraban sus cofrades las puertas de San Francisco con la emoción en sus rostros y a la espera de volverlas a abrir en poco más de seis meses, esta vez entre la marea de capirotes blancos y túnicas de luto. Para entonces habrá quedado el recuerdo de una milagrosa noche de septiembre en la que la Caridad recorrió un sinuoso itinerario por La Isla para no dejar de recibir las súplicas de cuantos fieles quisieron verla, que fueron miles. Como si de una coronación ‘popular’ se tratase y con ello bastara… o no.

 

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