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OPINIÓN. Diez años, nueva etapa

El pasado 1 de noviembre de 2019 se cumplían diez años de la aparición de SAN FERNANDO COFRADE. Era domingo y los establecimientos y kioscos de la ciudad lucían en sus estanterías y escaparates el primer número impreso del nuevo rotativo quincenal. La noche del 30 de octubre había sido la puesta de largo, con una presentación a la que asistieron más de doscientos invitados y en la que se repartieron los primeros ejemplares de SFC. El cofrade, pregonero de la Semana Santa y sobre todo amigo del alma Pablo Quijano Cabeza, glosaba el surgimiento de un nuevo medio de comunicación al servicio del mundo cofrade isleño. Seguir leyendo “OPINIÓN. Diez años, nueva etapa”

La prensa hace justamente 40 años reflejaba así lo sucedido durante la Semana Santa isleña de 1977… (y II)

Continuamos con la segunda y última del reportaje iniciado el pasado 20 de abril sobre la Semana Santa isleña en 1977, es decir, hace justamente 40 años.

Como publicamos, la labor informativa diaria por entonces la hacia Diario de Cádiz mientras que semanalmente informaba de lo sucedido en La Isla el recordado Mirador de San Fernando, que prestaba una especial atención y suplementos extraordinarios para narrar a los lectores lo que había sucedido los días anteriores. Mirador de San Fernando salía publicado los lunes. Es en sus crónicas en las que nos estamos basando para conocer cómo eran nuestras hermandades en la calle hace casi medio siglo, sin tener ni ligera idea de la tecnología de la que disfrutamos 40 años después que permite la existencia de medios digitales, blogs y redes sociales en las que muchos cofrades comparten sus propios comentarios, fotografías y vídeos. Seguir leyendo “La prensa hace justamente 40 años reflejaba así lo sucedido durante la Semana Santa isleña de 1977… (y II)”

La prensa hace justamente 40 años reflejaba así lo sucedido durante la Semana Santa isleña de 1977… (I)

¿Qué diferencia existe entre la Semana Santa isleña de ahora, la que acabamos de dar por concluida, con la de hace justamente 40 años?

Probablemente mucha. Aunque la esencia y la mayoría de los sagrados titulares continúan entre nosotros como así esperamos durante muchos años más, los pasos, enseres, maneras de cargar, de exornar las andas, la música… han experimentado una evolución tan grande que hoy día resulta curioso observar documentos gráficos o escritos que nos hablen de lo que sucedía con las procesiones hace cuatro décadas, generaciones que no sólo no la vivieron, sino que quizás ni han visto lo que lo nos cuentan de aquella Semana Santa de 1977. Seguir leyendo “La prensa hace justamente 40 años reflejaba así lo sucedido durante la Semana Santa isleña de 1977… (I)”

Un hombre sencillo, bueno…

Estas fueron parte de las breves palabras que el párroco de la Divina Pastora, D. Luis Palomino Millán, dedicó a José Ponce Guerrero en la misa previa a su entierro, el pasado 29 de abril.

No necesitó más el sacerdote, porque con esos certeros adjetivos definió de forma excelente la personalidad del amigo al que dábamos la última y dolorosa despedida: “Un hombre sencillo, bueno…”

¿Saben ustedes lo extremadamente difícil que resulta encontrar hoy día tales cualidades, la sencillez y la bondad?

Rodeados de todo lo contrario, es decir, de los codazos por alcanzar protagonismo, del egocentrismo que, a veces, alcanza los limites de la ridiculez, de la soberbia y, también, de las malas entrañas, del veneno destilado por personas que no reparan en el mal que ocasionan con sus palabras, con sus actitudes, con su falta de amor al prójimo…, rodeados de todo eso, decía, compartir toda una vida de amistad y hermandad con un hombre sencillo y bueno resulta una bendición de Dios.

Oír aquellas palabras en boca del sacerdote nos invitó a la inmediata reflexión, algo así como si se hubiera accionado un resorte en nuestra ánima que, efectivamente, nos reafirmó en los sentimientos hacia Pepe Ponce y, en sólo cuatro vocablos, “un hombre sencillo, bueno”, nos hizo apreciar con clarividencia aquello que sabíamos de toda la vida pero que, en esos momentos, era proclamado hasta la plenitud del convencimiento.

Pepe mostró y practicó esas cualidades en su vida profesional -íntimamente ligada a mitigar el sufrimiento de los demás- en su vida familiar, en el trato con sus amigos y, desde luego, en su ejercicio como cofrade y hermano mayor de nuestra hermandad de la Misericordia. No fue hombre partidario de alharacas ni de presumir de nada. Se daba la circunstancia de que, cada noche de Martes Santo, acudía a la iglesia de la Pastora para colocarle las potencias a Jesús de la Misericordia -donadas por él hace muchos años- en un momento íntimo, a puerta cerrada y rodeado por su familia y unos pocos miembros de la Junta; algo tan sencillo y a la vez tan hermoso como eso era lo que, de verdad, lo hacía feliz. Este año ni tan siquiera se pudo incorporar de la silla de ruedas que lo trasladaba y, desde ella, fue entregando a sus hijos cada una de las potencias para que ellos las fueran colocando en la venerada cabeza de la imagen de Nuestro Señor.

Que goce de la paz que se ganó a pulso durante toda su vida y que desde el pasado 29 de abril, que fue natalicio para el cielo, comparta la presencia del Jesús de sus devociones.

José Carlos Fernández Moreno

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